Sé que soy una persona rara. Tengo más de 40 años y muchas responsabilidades laborales, familiares y profesionales. Pero en lugar de distraerme con un libro, en el bar con los amigos o viendo el futbol, mi pasatiempo favorito es jugar videojuegos.

Esto no empezó ahora, lo reconozco. Los juegos de video fueron parte de mi infancia y adolescencia también, pero en consolas antológicas como Atari, Sega o Nintendo (la de cartuchos, ni siquiera CDs). Luego llegó la universidad, la carrera, el trabajo y le perdí la pista a los videojuegos. Eso, hasta hace un par de años, en que la Playstation de mis hijos se convirtió también en mi centro de entretenimiento y una forma más de contactar con sus intereses y pasar tiempo de calidad juntos.

¿Muy viejo para jugar?

Bueno, lo confieso: también juego solo. Porque me divierte y mucho. No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido los videojuegos como una fuente de posible adicción —ojo, posible— y la incorporó a su lista de enfermedades mentales. Entonces, ¿hago mal?

Leyendo la descripción de lo que establece la OMS, solo se considera adicción al juego cuando se emplea un tiempo desmesurado realizando esa actividad, a expensas de no cumplir con el resto de las responsabilidades. En ese caso hablamos de la ludopatía de toda la vida: da igual si es a los videojuegos, al póker, a la ruleta o al parchís. Así que, OMS, no me has impresionado.

Claro, que los medios de comunicación vieron filón en el asunto, tergiversaron un poco y hala: los videojuegos son adictivos y los que los juegan una partida de adictos. Si pasas de los treinta, además de ludópata eres un viejo ridículo e infantil.

Con la ciencia de mi parte

Ok, la ciencia parece decir que los videojuegos son malos. Pero la ciencia es muy amplia y hay muchas opiniones diferentes en ella. Así que tal vez hay que ir a la ciencia, a ver si otros me dan la razón y hago bien en distraerme con videojuegos.

Y resulta que la ciencia tiene buenas noticias para mí. Y para todos los cuarentones que peinan canas con una mano mientras sostienen el mando con la otra.

Demencia senil y videojuegos

La demencia senil y en particular el Alzheimer es una preocupación constante a partir de cierta edad. Estos trastornos neurológicos se caracterizan por causar atrofia cerebral y deterioro cognitivo, pérdida de volumen del hipocampo y disminución de la cantidad de materia gris.

Pues resulta que la Universidad de Montreal estableció  que los juegos de plataforma 3D (Super Mario 64 en específico) causan un aumento notable de la cantidad de materia gris[1].  En específico, las áreas más favorecidas por los videojuegos fueron las zonas que rigen el control y equilibrio (el cerebelo), la memoria espacial y episódica (el hipocampo) y la corteza prefrontal dorsolateral, la zona responsable de la toma de decisiones.

No es un estudio aislado. En otro artículo, esta vez del The Journal of Neuroscience[2], se demostró que quienes juegan videojuegos 3D mejoran sensiblemente tareas de memoria de seguimiento.

El dolor y los videojuegos

Esta es otra consecuencia del envejecimiento, y resulta que, según un artículo del American Journal of Preventive Medicine[3], los videojuegos pueden ayudar.

Si juegas, los dolores derivados de enfermedades crónicas y la ansiedad frente a procedimientos médicos disminuyen. Este hallazgo fue corroborado y ampliado por la American Pain Society[4], que aporta que contra los dolores crónicos los juegos de realidad virtual son los más efectivos.

El envejecimiento mental y los videojuegos

En un estudio conducido por la Universidad de Iowa[5], un grupo de mayores de 50 años jugó 10 horas a la semana el videojuego Road Tour, durante 4 años. Al cabo de ese tiempo y comparado con un grupo control de no jugadores, nuestros gamer mayores habían reducido el envejecimiento mental en un rango que iba de 3 hasta 7 años.

Científicamente demostrado: seguiré con los videojuegos

Pues todos estos estudios científicos me dejan más tranquilo y mando en mano. Resulta que no soy ni un adicto, ni infantil y ni siquiera estoy perdiendo mi tiempo. Por el contrario: estoy trabajando para que mi vejez sea mucho más lúcida y con mejor calidad de vida.

Y no estoy solo: son muchos los de mi generación, esa que vio nacer los videojuegos, que se niega a abandonar el placer de jugar. Así que si quieres ayudarme a ser más saludable, regálame un videojuego que vuelva a desafiar mi cerebro. O mejor aún: muéstrale este artículo a ese familiar querido que ya pasa de los cuarenta. Y anímale a jugar: en su vejez, te lo agradecerá.

[1] https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0187779

[2] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4682779/

[3] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3391574/

[4] http://www.medicalnewstoday.com/articles/188108.php

[5] https://www.eurekalert.org/pub_releases/2013-05/uoi-wts042513.php

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