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Mejorando nuestras relaciones

 

Todos mantenemos relaciones en nuestro día a día. Algunas de ellas, efímeras, apenas duran un «buenos días», pero otras se mantienen durante prolongados períodos de tiempo e incluso a lo largo de toda una vida.

No todas manifiestan el mismo nivel de armonía. Unas pocas (las menos) son francamente buenas, pero otras se mueven en el terreno del conflicto más o menos intenso, más o menos perdurable. No tienes más que repasar mentalmente tus relaciones para darte cuenta de que es así (difícilmente encontrarás una relación en la que no existan roces).

A la hora de presentar un modelo que nos permita entender mejor el por qué algunas de nuestras interacciones son felices y armoniosas, mientras que otras son tensas y portadoras de enfrentamiento, disponemos de una herramienta sencilla que puede aportarnos una mejor comprensión del cómo nos relacionamos.

Se trata del llamado triángulo dramático de Karpman, un sistema relacional que proviene del campo del Análisis Transaccional, dentro de la Psicología Humanista.

En este modelo, se definen tres roles habituales que las personas solemos adoptar en nuestra interacción con los demás.

EL PERSEGUIDOR: tipo de personaje con las siguientes características

  • Manipulador
  • Acusador
  • Intransigente
  • Busca el castigo y la culpa de su víctima
  • Se impone por el miedo
  • Cruel: impone sus reglas arbitrarias y las obliga a cumplir
  • Atormenta al que es más débil que él
  • Exagera los defectos de los demás

Su trazo psicológico básico es la ira, el enfado, que vuelca sobre el mundo. Un enfado derivado de su falta de disfrute, de madurez. Se trata de un ser que se siente tremendamente infeliz e intenta conseguir que los demás también lo sean.

LA VÍCTIMA: actúa según el siguiente patrón

  • Demanda que lo compadezcan.
  • Se queja de todo lo que le sucede en la vida
  • Siente que el mundo es injusto con él o ella
  • Considera inviable cambiar de ninguna manera
  • Solicita continuamente que los demás le resuelvan las cosas
  • La culpa de sus desgracias es siempre ajena (otros, la vida, la administración, la suerte…)

Su trazo básico es la tristeza, el dolor, la autocompasión que necesita le sea reconocida para justificar su falta de responsabilidad frente a su vida (prefiere que otros la dirijan)

EL SALVADOR: proporciona un aparente sinfín de virtudes

  • Busca hacerse necesario
  • Se convierte en rescatador del mundo
  • Está presto a resolverle la vida al otro, aunque no se lo haya pedido
  • Su interés real está en lograr que dependan de él

Su característica psicológica fundamental está basada en el orgullo, derivado de un primario complejo de inferioridad que necesita ser superado.

Nadie es perseguidor, víctima o salvador en exclusiva. No existen los roles puros en el triángulo de Karpman. Todos participamos de una parte de los tres. En un momento podemos ser perseguidores, y, al momento siguiente víctimas o salvadores. Con unas personas podemos asumir un comportamiento y con otras, otro diferente. Pero cada uno de nosotros tiene un rol preferido que utiliza sobre todos los demás. ¿Cuál es el tuyo?

Las relaciones basadas en este modelo generan codependencia: el perseguidor necesita a la víctima y viceversa, al mismo tiempo que al salvador. El salvador, a su vez, necesita a la víctima, y así sucesivamente.

Salir del triángulo y liberarnos de la codependencia es posible, pero requiere un mínimo de atención y dedicación. Primero debemos darnos cuenta de cuál es nuestro rol predominante. Luego, se trata de  tomar conciencia de las ocasiones en que, de manera inconsciente, nos identificamos con cada uno de ellos.

Podemos ir más allá de este triángulo de codependencia cambiando algunos de los comportamientos habituales que manifestamos cuando ejercemos cada uno de nuestros roles. Estas son algunas ideas para llevarlo a cabo:

Rol de Salvador: permite que los demás resuelvan sus propios problemas. Dales la oportunidad de aprender. Ayuda solo cuando te pidan ayuda, y, al hacerlo, procura enseñar a resolver dificultades más que a resolverlas tu.

Rol de Perseguidor: evita la crítica y la descalificación. Deja de compararte. Y sobre todo disfruta de TU VIDA, permitiendo que los demás se ocupen de la suya. Ya tienes suficiente con enriquecer la tuya.

Rol de Víctima: deja de quejarte y de auto-compadecerte. Encontrarás mayor placer en aprender a tomar el control de tu vida que en seguir dejándola en manos de otros. Tienes mucho que entregar. Comienza por dar más y pedir menos. Toma decisiones, aunque en ocasiones puedas equivocarte (no hay otra manera de prender).

Cambiar es siempre un reto y exige esfuerzo (sobre todo continuidad), pero el premio es importante: MEJORAR NUESTRAS RELACIONES.

¿No crees que vale la pena?

 

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