En 2008, un famoso artículo de The Atlantic preguntaba si Google nos estaba haciendo “estúpidos”. La preocupación era clara: ¿qué pasa con nuestra mente cuando dejamos de memorizar datos porque podemos buscarlos en un segundo?
Hoy, más de quince años después, estamos ante un cambio aún mayor. La IA generativa —ChatGPT incluido— no solo nos evita recordar información: ahora también puede analizarla, sintetizarla y producir textos completos en segundos. Y eso abre una nueva pregunta: ¿estamos empezando a delegar el pensamiento?
La comodidad es innegable. En lugar de consultar distintas fuentes, comparar puntos de vista o lidiar con la ambigüedad, muchas personas ya se conforman con la respuesta rápida y pulida que ofrece la IA. Pero esta eficiencia tiene un riesgo: si dejamos que la máquina piense por nosotros, nuestra capacidad para razonar, cuestionar y profundizar puede deteriorarse.
Aquí entra en juego el efecto Dunning-Kruger. Algunos usuarios pueden creer que dominan un tema simplemente porque son capaces de repetir lo que dice la IA, sin haber hecho el esfuerzo intelectual que implica comprenderlo de verdad. La IA, paradójicamente, puede inflar una sensación de conocimiento mientras reduce la práctica real del pensamiento.
Pero no todo es negativo. Otros usuarios están aprovechando estas herramientas de forma muy distinta: para ampliar ideas, entender conceptos complejos, generar nuevas perspectivas y potenciar su creatividad. Para ellos, la IA no reemplaza su mente; la expande.
La clave está en cómo usamos la tecnología.
Si aceptamos lo que dice la IA sin cuestionarlo, nos volvemos pasivos.
Si la usamos para iniciar una reflexión, para investigar más y para estimular nuevas preguntas, se convierte en un acelerador intelectual.
Con la adopción masiva de herramientas como ChatGPT, estamos en una encrucijada. Podemos volvernos dependientes de respuestas fáciles… o podemos convertir la IA en un aliado poderoso para aprender y pensar mejor.
La pregunta, entonces, no debería ser “¿nos hará más tontos ChatGPT?”, sino “¿cómo podemos usar ChatGPT para ser más inteligentes?”. Porque la respuesta no depende de la máquina, sino de nosotros.

