Este verano promete ser uno de los más calurosos, así que es momento oportuno para hablar sobre los llamados golpes de calor.

Estos pueden afectarnos a todos, pero son más graves —mortales, incluso—en los niños, los bebés y los ancianos. En los menores de un año son particularmente peligrosos, pues sudan menos y carecen de los mecanismos suficientes para disipar el calor.

En verano son más frecuentes las actividades al aire libre, lo que aumenta la exposición de nuestros hijos a los rayos solares. Es tiempo entonces de extremar las medidas para evitar este peligroso fenómeno, llamado también hipertermia.

Golpes de calor o hipertermia

Los golpes de calor se producen en el momento en que el organismo pierde una cantidad sensible de líquido. Con él, también se pierden electrolitos como el sodio y el potasio, lo que conlleva a un aumento de la temperatura corporal que el cuerpo no es capaz de disipar de forma natural (hipertermia).

La hipertermia es la antesala a la deshidratación, que de no ser atendida a tiempo puede traer consecuencias mortales, en especial para los niños y adultos mayores.[1]

Causas y síntomas de los golpes de calor

Los factores que desencadenan los golpes de calor son las altas temperaturas, acompañadas de alta humedad; realizar ejercicios o actividades físicas intensas; no tomar el suficiente líquido y la exposición excesiva a los rayos solares.

En este último aspecto, la ciencia confirma la sabiduría popular: la acción directa del sol sobre la zona de cabeza genera el sobrecalentamiento del organismo, provocando los síntomas asociados a los golpes de calor.[2]

Estos son:

  • Aumento de la temperatura corporal por encima de los 39°C.
  • Cefalea, confusión y pérdida de conciencia.
  • Fatigas.
  • Vómitos y náuseas.
  • Calambres en las extremidades.
  • Piel enrojecida, seca y caliente.
  • Frecuencia cardíaca elevada.
  • Dificultad para respirar.

¿Cómo proceder ante los golpes de calor?

Si los síntomas son severos, hay desvanecimiento o pérdida de conciencia, es necesario actuar de inmediato y trasladar al afectado a un hospital. Mientras, es imprescindible tomar medidas para disminuir la temperatura corporal[3]:

  • Traslada al niño a un lugar fresco, ventilado y protegido del sol.
  • Desvestir  al niño lo más posible, de modo que pueda disipar mejor el calor a través de la piel.
  • Usar paños de agua fresca (no fría) en la frente, la nuca, las axilas, las ingles, las muñecas, etc.
  • Ofrecerle agua fresca a pequeños sorbos.
  • Si la temperatura corporal es superior a los 40 °C, se debe bañar a la persona que sufre el golpe de calor con agua fresca.

Evitar los golpes de calor es mejor que tratarlos

Como prevenir es mejor que curar, he aquí algunos consejos para evitar que nuestros hijos lleguen a sufrir los golpes de calor:

  • Evitar salir a la calle durante las horas más intensas de sol y calor (entre las 12 y las 17 horas).
  • Vestir al niño con ropas ligeras, preferentemente de algodón.
  • Si lleva un bebé de paseo, refrésquelo a menudo con toallitas húmedas.
  • Haga que el niño beba agua con frecuencia. Los lactantes no necesitan agua extra, pero no está de más ofrecérsela si las temperaturas son altas.
  • Evite las mochilas portabebés durante los días de mucho calor, pues el niño recibe el calor extra de quien lo carga.
  • Ubique la cuna o cama del niño en el lugar más fresco de la casa y ventile la habitación temprano en la mañana y ya entrada la tarde.
  • La temperatura ideal de la habitación donde se encuentra el niño es 22 °C. Considere mantener las ventanas abiertas para garantizar el flujo de aire.
  • En lo posible, evite los acondicionadores de aire y prefiera los ventiladores para refrescar y renovar el aire de la habitación. Los de techo son los más idóneos.

Especial precaución merecen los viajes en coche, donde los golpes de calor en niños y bebés son frecuentes. Nunca deje a su pequeño en un auto recalentado por el sol. Enfríe previamente el automóvil con el aire acondicionado antes de viajar con su hijo, y luego viaje con el acondicionador apagado y las ventanillas abiertas.[4]

La hidratación en los niños pequeños

Los golpes de calor se deben sobre todo por una mala hidratación.

El agua es fundamental para mantener la homeostasia del organismo y su cantidad en el organismo de los niños es mayor el de los adultos. Por eso, su ingesta de agua debe ser  mayor para compensar la pérdida de líquido en la orina y la transpiración.

También hay que tener en cuenta que en los bebés el sistema renal no está completamente desarrollado, por lo que pierden más agua que un adulto en proporción a su peso. Esto se debe a que todavía no pueden concentrar la orina y necesitan eliminar más líquido para desechar los productos del metabolismo.

Otro factor importante es el hecho de que, al no poderse comunicar bien aún, el niño pequeño no puede decirte cuando tiene sed. Así que ofrecerle agua con regularidad, hasta que puedan comunicarte cuando la necesitan[5].

Además de agua natural, incluye entre las bebidas de tu hijo en verano zumos sin azúcar añadida, o limonada. Estos refrigerios le aportan electrólitos y son consideradas bebidas isotónicas. Espero que estas medidas para prevenir los peligrosos golpes de calor hayan sido de tu interés, y que disfrutes de un verano sin riesgos para la salud de los tuyos.


[1] http://www.aeped.es/sites/default/files/dossier_golpe_de_calor.pdf

[2] http://www.consumer.es/web/es/bebe/bebes/2016/08/18/223964.php

[3] https://www.elbebe.com/salud/cuidados-del-bebe-o-nino-verano-como-hacer-frente-un-golpe-calor

[4] http://www.semes.org/revista/vol16_3/116.pdf

[5] http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000982.htm

Share this post

Utilizamos cookies propias y de terceros para realizar el análisis de la navegación de los usuarios y mejorar nuestros servicios, también para mostrar publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.