España no es mal país para vivir. A pesar de las peripecias a las que nuestros políticos nos tienen acostumbrados y del descontento general que tiene gran parte de nuestra población con algunos temas, la verdad es que tenemos la suerte de poder disfrutar de una de las variedades culturales más extensas dentro de un estado, combinado con un conjunto de climas que hace que la oferta turística española destaque sobre la mayor parte de los países que tenemos alrededor. No obstante, hay un tema en el que tenemos que mejorar: la educación.

Si miramos cualquier clasificación a nivel mundial relativa a los niveles educativos de cada país observaremos como el nuestro se encuentra alejado de los veinte primeros puestos. En la mayoría de los ranking se nos sitúa entorno al puesto 26, casi por debajo del resto de los países de la Unión Europea y al nivel de otros como Trinidad y Tobago (sin faltarles al respeto, por supuesto).

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Cuando los expertos analizan cuál es la razón de este puesto tan bajo siempre alcanzan dos conclusiones: política y dispersidad de temarios.

En relación a la política se señala que es muy difícil —por no decir improbable— que un estado en el que cada cuatro años se cambia la ley educativa, con el único objeto de derogar a la anterior que había sido hecha por la oposición, sin pararse realmente a analizar si eso perjudicaría o no a los verdaderamente importantes, escale puestos en la clasificación. Si uno lo piensa se da cuenta de que es verdad. ¿Por cuantos modelos habéis pasado desde que nacisteis? Contadlos, os sorprenderéis.

El otro punto es el de la dispersidad de temario. La educación no es una competencia que esté centralizada en nuestro país, sino que por el contrario se encuentra transmitida a las Comunidades Autónomas. ¿Qué significa esto? Que cada una tiene capacidad para elaborar un plan de estudios propio. Esto no sería un problema si cada una se pusiese de acuerdo en unos puntos en común, pero no es así. Cada una ejerce su competencia sin pensar en el resto, haciendo mucho más énfasis en temas propios de la Comunidad que españoles o europeos como debería hacerse. Mi argumento no se esgrime con base en que cada territorio no preste atención a sus particularidades históricas o geográficas, pero nunca debe descuidarse la común.

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Y no os equivoquéis. No estoy hablando de adoctrinamientos o complots malignos, que seguro que alguno lo habéis pensado ya. La mayor parte de los centros educativos en este país actúan siempre con buena fe y son pocos, repartidos por todo el territorio, los que intentan introducir ideas poco acertadas a sus estudiantes.

¿Cambiará esto? ¿No sería mejor que la competencia en educación se transfiriese de nuevo al Estado y estudiásemos todos lo mismo?

Por otro lado, es necesario que se haga una reforma profunda de los métodos educativos. Esto no solo ya a nivel español, sino también a nivel mundial. Estamos en el siglo XXI, ya es hora de que aprobar un examen no consista en engullir un temario para vomitarlo posteriormente. Deberíamos haber evolucionado ante nuevas formas de examinación —por mucho que sea un poco más costoso para los profesores—.