España. ¿Por dónde empezar?

España, ¿por dónde empezar?

No nos engañemos, la situación es muy mala. Luis Garicano empieza su libro “El dilema de España” con una frase que comparto “En España no se vive mejor… La vida en España es dura”.

No somos un país en guerra ni con hambrunas pero eso no debe enmascarar que los jóvenes no encuentran un futuro digno a través de un empleo y aproximadamente 2.000.000 millones de personas están en paro y sin ningún tipo de subsidio y los índices de pobreza aumentan.

Llevamos desde el 2008 con una crisis que ha sacado a la luz todas las ineficiencia de un país joven. Nuestro crecimiento ha sido muy rápido, aproximadamente un 3,8% anual en el periodo 2.000-2.008. Y esta rapidez, nos ha dejado un país poco eficiente, al menos, en el mercado laboral que lastra nuestras posibilidades para competir.

Pero como hay que mirar al futuro y seguir quejándonos del pasado no nos va a ayudar a salir adelante, intentemos enumerar cuales deberían ser los pilares de la recuperación.

Creo que nadie puede discutir que los objetivos están claros: empleo, reducir deuda pública y asegurar el Estado del bienestar.

Competitividad: No hay otra manera, tenemos que ser competitivos como economía para incentivar la inversión interna y atraer la externa. Es obligatorio empezar a crear sectores de alto valor añadido y fomentar los que ya tenemos. La innovación es la clave fomentando una destrucción creativa que permita eliminar los sectores que lastran la economía.

Reducir impuestos: aunque pueda parecer anacrónico, la reducción de impuestos y un nuevo modelo tributario reduciría la economía sumergida, facilitaría la creación de empleos, reduciría las trabas al emprendimiento y aumentaría el consumo.

Optimización del gasto público: creo que a nadie se le escapa que el modelo de estado actual no tiene demasiado sentido en un entorno de escasez. Las economías de escala no existen y se produce gasto solapado. Añadido a que el gasto público se realiza en función de criterios no de eficiencia.

Seguridad Jurídica: dotar al sistema judicial tanto de independencia como de recursos suficientes para asegurar la velocidad e imparcialidad de los procesos judiciales.

Sectores económicos: industrializar en los sectores que somos referentes aumentando el valor añadido del producto final y reutilizando todas las infraestructuras actuales que están infrautilizadas. Aprovechar nuestra posición geográfica y relaciones internacionales para generar centros de transformación de mercancía, potenciar el turismo de calidad o incluso el sanitario, olvidarnos de sectores deficitarios y hacerlos transitar hacia otras industrias, etc…

Educación: creatividad, innovación, gestión del cambio, idiomas, esfuerzo e integración. Abandonar el modelo del aprendizaje memorístico por un modelo basado en la interpretacion, análisis y solución de problemas.

Universidad: decidirnos de una vez a cambiar el modelo y mantenerlo. Cambiar el modelo de universidad y abrirlo a las empresas, internacionalizarla y llenarla de más profesionales. Ajustar su oferta a la demanda real y que se convierta en un caldo de cultivo de innovación y creación de valor. Olvidemos el modelo actual que crea frustración y baja adaptación al mercado laboral.

Corrupción: acabar, de una vez, con el modelo de “contactos” en los negocios. Profesionalidad y “taquígrafos” en los contratos públicos. Y, por supuesto, castigos rápidos y ejemplares para los corruptos.

Pensiones: reformar el modelo antes de que colapse. Seguir dando “patada para adelante” para reducir el “coste político” solo consigue aumentar el riesgo. Nadie niega, a día de hoy, que es inmantenible en el tiempo.

Gran acuerdo de Estado: por último y principal, que no sea unas líneas de trabajo durante los años que dure un partido en el gobierno. Tardaremos en consensuarlo el tiempo que sea necesario pero debemos apostar, como país, por un camino y no abandonarlo.

Es difícil condensar en pocas palabras las acciones necesarias pero estas líneas de acción deberían ser suficientes para volver a reinventarnos como país y salir del atolladero donde nos encontramos.

 

 

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